OSC BENEFICIARIA 1RA ASAMBLEA DE MUJERES DE CONFENIAE: UNA APUESTA PO
- 18 ene 2017
- 6 min de lectura

Juan Auz
“Sin territorios, no podemos ser ni indígenas ni mujeres”
Hilda Santi de Sarayaku
El 20 y 21 de enero de 2017, desde la sede de la CONFENIAE ubicada en Unión Base, provincia de Pastaza, se llevó a cabo la 1ra Asamblea de Mujeres de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (CONFENIAE). Más de 40 delegadas provenientes de varias comunidades de la Amazonía norte, centro y sur, asistieron a dialogar, reflexionar y proponer, desde sus experiencias y conocimientos, alternativas a los temas más acuciantes que les afectan directamente, con miras a contribuir al fortalecimiento de su organización regional.
La Asamblea fue coordinada por Elvia Dahua, dirigente de la mujer de CONFENIAE, electa por tres años a partir de septiembre de 2016, quien estuvo encargada tanto de la convocatoria a las organizaciones y comunidades de toda la Amazonía, como de la preparación de la agenda del encuentro y de la gestión de la logística.
La agenda de la Asamblea inició el día viernes en la madrugada, con una toma colectiva de wayusa (bebida de infusión tradicional Amazónica) a fin de intercambiar ideas, discutir acerca de las expectativas del encuentro con agenda en mano y, obviamente, integrarse. La finalidad de este evento fue el análisis colectivo de la problemática Amazónica a partir de la visión de las mujeres indígenas, para lo cual se abordaron temas de derechos humanos, territorialidad, política organizativa, análisis político y coyuntural en torno al movimiento indígena y discusión sobre educación, salud y cultura dentro de las comunidades.
Con el fin de compartir experiencias desde otras nacionalidades, se contó con la presencia de Blanca Chancoso, lideresa histórica kichwa, fundadora de la Ecuarunari, luchadora por la educación intercultural bilingüe y la plurinacionalidad, quién invocando a su profundo conocimiento sobre activismo y defensa de derechos humanos, conminó estrategias de visibilización de sus problemáticas con el resto de mujeres, especialmente a partir de los sucesos ocurridos en Nankints a raíz de los desalojos y violaciones de derechos ocasionados por la empresa transnacional minera con el apoyo del gobierno nacional a través de la fuerza pública. Fueron bienvenidos sus comentarios respecto de la importancia de la organización de las mujeres para encabezar el liderazgo del movimiento indígena, el cual debe buscar la reivindicación de los derechos colectivos, sobre todo durante conflictos socio-ambientales.
Un punto medular de la Asamblea fue el diálogo en torno a los derechos humanos, para lo cual la CONFENIAE, a través de Elvia, solicitó a Juan Auz, abogado de Terra Mater, la facilitación del mismo. El diálogo tuvo un componente participativo transversal, donde los temas propuestos a discusión serían analizados a partir de las experiencias de las mismas mujeres, es decir, desde su convivencia cotidiana con el resto de los miembros de su comunidad, y al mismo tiempo, con instituciones público-privadas. Dichos aportes incluyeron la interacción entre los roles trazados por su identidad ancestral y el empoderamiento de sus liderazgos comunitarios, donde su relación con la tierra es muy significativa dado su trabajo diario en las chacras y su entendimiento profundo del uso de las plantas; así mismo, a partir del contacto intermitente con las instituciones del estado y organizaciones privadas en varios contextos, sus testimonios daban fe de una sociedad envolvente que aplica técnicas de violencia sistémica en contra ellas y su territorio, experiencias que van desde la restricción para la concreción de un simple trámite en una institución pública por no poder hablar el castellano, hasta el no poder solicitar un préstamo en el banco por ser mujeres indígenas, anécdotas que concitan episodios vergonzosos típicos de un estado colonial y patriarcal.
El punto de partida del diálogo sobre derechos humanos fue un análisis histórico del colonialismo en varios continentes y en múltiples escenarios, lo que dio pie para que las mujeres se identifiquen con dichos casos y dialoguen en torno a las lesiones a la dignidad humana, ligadas a prácticas deshumanizantes como la esclavitud y el genocidio a los pueblos indígenas en varias latitudes. Uno de los casos que más generó discusión fue la esclavitud de los pueblos originarios del Amazonas durante la era del boom del caucho, sobre todo en las selvas de Perú, donde sus estragos se mantienen hasta la actualidad. Las participantes notaron paralelismos entre aquella historia y la de sus antepasados, pero reconocieron que fue la resistencia la que permitió la perpetuidad de sus culturas e idiomas. En tal virtud, se enfatizó la violencia desproporcionada y específicamente direccionada hacia las mujeres, la misma que se mantiene hasta nuestros días.
Finalizada la discusión introductoria sobre la dignidad humana, el enlace con el corpus iure internacional de los derechos humanos fue mucho más intuitivo. En este punto, se asoció el concepto de los derechos humanos como el producto de demandas históricas, catalizadas por eventos estremecedores, como la Revolución Francesa, la Independencia de Estados Unidos o la Segunda Guerra Mundial, resaltando que sus reconocimientos no fueron gratuitos. Dicha mención permitió discutir sobre otros eventos históricos que generaron el reconocimiento de derechos más específicos, como las luchas de los pueblos indígenas y de las mujeres. En este sentido, fue muy ilustrativo el contar con el testimonio de Hilda Santi, lideresa del Pueblo Kichwa de Sarayaku, quién narró la historia de resistencia de su pueblo frente a la entrada abusiva de una empresa petrolera en su territorio. En este caso, el rol de las mujeres para la defensa de su pueblo fue determinante para revestir de legitimidad a su lucha, facilitando la victoria de Sarayaku ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2012.
A partir de una discusión llena de elementos de análisis, se procedió a realizar un barrido rápido.

de los contenidos de varios instrumentos internacionales de derechos humanos, permitiendo contrastar el marco normativo internacional con las realidades locales de las mujeres, dando cuenta de la violación cotidiana de derechos humanos. Los instrumentos internacionales analizados, incluyeron la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDDHH), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDECIP), el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), el Convenio 169 de la OIT sobre Derechos de Pueblos Indígenas y Tribales, el Convenio de Naciones Unidas sobre Derechos de Pueblos Indígenas (CONUDPI) y la Convención de Naciones Unidas sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW).
Relatos fuertes desde las voces de las mujeres, develaron una realidad donde el colonialismo y la discriminación a la mujer son aún problemas lejos de ser resueltos, donde la normativa internacional dista de ser implementada. Las mujeres citaron ejemplos respecto de la entrada inconsulta y violenta de empresas mineras o petroleras al territorio de las nacionalidades, suscitando violaciones a prácticamente todos los convenios internacionales, comenzando porque a las nacionalidades indígenas se les niega su derecho la participación y la libertad de asociación para tomar decisiones respecto de los proyectos, violando el PIDECIP y el CONUDPI. Mujeres y familias enteras desplazadas forzosamente, como alegaban las participantes, violentarían el PIDESC y el Convenio 169 de la OIT. La contaminación de los ríos, la tala de los bosques y el asedio constante de la fuerza pública, decían las mujeres, no permiten el disfrute de una vida digna, pues no se puede pescar, no se puede cazar, no se puede sembrar ni cosechar, y no se puede beber el agua, situaciones que contrarían los artículos del PIDESC y la CEDAW.
En conclusión, las mujeres reafirmaron que el extractivismo es una fuente de violación de derechos, y que, por estar en una posición de vulnerabilidad diferenciada por ser mujeres e indígenas, son más propicias a ser víctimas. Su propuesta fue el fortalecimiento organizativo como respuesta a la violencia sistemática y el apoyo entre nacionalidades. Sugirieron un trabajo a dos niveles, desde las bases en sus comunidades, empoderando a las mujeres en conjunto con los liderazgos comunitarios y, al mismo tiempo, fortalecer las organizaciones regionales, como la CONFENIAE, garantizando que sus voces y sus ideas sean parte de la toma de decisiones. Se comprometieron, de igual manera, a seguir abriendo espacios de discusión como éste y a seguir delineando estrategias, que, desde sus vivencias, puedan ser implementadas en varios contextos.
Terra Mater es una organización independiente que cree en la libre asociación, que no es opositora a ningún gobierno y que cree en el trabajo en conjunto entre la sociedad y el Estado. Nace como una respuesta al modelo de extracción de recursos naturales, que se opone a los principios del buen vivir, y atenta contra los derechos colectivos de las nacionalidades indígenas, y los derechos de la naturaleza.Terra Mater cuenta con amplia experiencia en la búsqueda, investigación y promoción de un modelo de desarrollo alternativo para la región amazónica del Ecuador, basado en el buen vivir y en el respeto de los derechos humanos y de la naturaleza.

Comentarios